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«Para lograr una buena foto de un mineral tienes que ver la foto acabada ya antes de disparar»

Tres pasiones acompañan a Joaquim Callén desde su infancia: fotografía, minerales y montaña. Una triada perfecta que ha convertido su vida en un juego de luces entre ejemplares de minerales que solo unos pocos pueden llegar a tocar, y que gracias a él muchos pueden ver en la revista MineralUp.

Hoy, con motivo de su colaboración como jurado en el Concurso de Fotografía Mineral MinerELX 2016, hemos querido adentrarnos en su figura y aprender de un maestro de la fotografía mineral.

 

¿Su vida ha estado siempre ligada por entero a la fotografía y al mundo de los minerales?

Sí, me he dedicado a la fotografía profesionalmente desde que era muy joven. He tenido la suerte de encontrar una compañera perfecta, Eloisa, mi mujer. Eloisa es también fotógrafo y juntos hemos hecho retrato, reportajes sociales, foto de producto para catálogos, foto industrial… Hemos utilizado todo tipo de cámaras, desde la de placas de 9×12 cm de medida de película, formatos medianos y claro el formato más común de película en lo que se llamaba paso universal. Eso en la época de la foto analógica. De hecho, en mi vida no he trabajado en nada más que no fuera fotografía. Cuando aparecieron las cámaras digitales ya un poco avanzadas, que con 8 o 10megapixels ya se podían utilizar para el trabajo profesional, pude abordar a fondo la fotografía de minerales.

 

¿Cuáles son los minerales más agradecidos delante de la cámara?

Bueno, no se decirte. Todos los minerales bonitos y también los que no lo son tanto pero que tienen interés mineralógico.

La belleza, en los minerales, pero también en todos los tipos de fotografía, incluyendo el retrato, muchas veces no se ve, no está explicita ni se manifiesta de forma evidente. Hay que sentirla, percibirla, a veces adivinarla, después buscarla, encontrarla, y si conviene, a veces inventarla,y después, intentar representarla. La belleza es siempre, siempre subjetiva.

 

Dicen que el mineral es la mitad de la foto. Qué es más importante ¿el ejemplar o la destreza fotográfica?

Pues sí, la mitad de la foto es la pieza, si lo que queremos conseguir es una foto objetiva, o para decirlo con más precisión, una foto más objetiva que subjetiva. En fotografía de creación pura, artística y creativa vale todo, no hay límites.

La fotografía de minerales como yo la practico, busca una representación real de la pieza con un cierto filtro personal

La fotografía de minerales como yo la practico, busca una representación real de la pieza con un cierto filtro personal. Me explico: Siempre, por mucho que se quiera hacer una representación objetiva, siempre hay el ingrediente del punto de vista de la persona que realiza la función de representar la realidad. Si la intervención de esta persona es mínima, desapasionada, mecánica, podemos definirla como un operario, si la intervención es más incisiva, más comprometida, con más personalidad, podemos hablar de un artesano. Si la intervención es claramente creativa, y no acepta limitaciones, podemos hablar de artista.

 

¿Qué papel juega la luz?

Sin luz no hay foto. Así de sencillo. En realidad, la luz, sin ojos que vean, no existe. Evidentemente hay que analizar la paradoja. La luz es una emisión electromagnética que se comporta como radiación y simultáneamente como materia. En realidad, los sabios todavía no se han puesto de acuerdo en determinar qué es exactamente la luz. Nuestros ojos perciben parte del espectro electromagnético, la sensación recibida se envía al cerebro para ser procesada. El “programa” del cerebro nos dice a su manera lo que estamos viendo. El resultado es evidentemente sumamente subjetivo. A esa radiación que recoge la retina del interior del ojo, que viaja a través del nervio óptico como impulsos neuroeléctricos, que llega al cerebro, que lo procesa con compuestos neuroquímicos y que nos lo hace entender como una sensación, le llamamos luz.

La luz se ha de administrar en cantidades ínfimas, con infinita delicadeza, sin estridencias. Ha de tocar en cada punto del modelo en la cantidad y calidad justa.

Con luz el fotógrafo pinta su foto. Hace que tope frontalmente con el modelo, o hace que pase rozando su superficie. Le da toques suaves en algunas sombras, o hace brillar algún punto de la superficie, o bien hace que atraviese un cristal transparente… Hay infinitas posibilidades. La luz se ha de administrar en cantidades ínfimas, con infinita delicadeza, sin estridencias. Ha de tocar en cada punto del modelo en la cantidad y calidad justa. Es como la música, a veces ha de ser un adagio, a veces un allegro vivace, o un andante maestoso o un staccatto fulgurante, pero todo en la misma foto. Has de ver los violines, la brillantez de los agudos, los graves profundos de la madera, el ritmo de la percusión, el vibrato de los metales. La foto ha de sonar como una sinfonía.

Algo mágico, indefinible se produce cuando tomamos la luz i la combinamos con un cristal. Son dos materias y un poco de energía. La energía aletargada y estática que contiene el mineral, energía en reposo encerrada en la materia. La luz es energía en movimiento, dinámica, fulgurante, con algo de materia que viaja con ella. El resultado es siempre impredecible, sorprendente, excitante. Cualquier pequeño movimiento, cualquier cambio mínimo de la luz, de su calidad, de su intensidad, de su dirección, hace que se produzcan miríadas de efectos impensables.

 

¿Sigue alguna norma para elegir la pose correcta de la pieza?

Toda foto tiene un punto de historia de amor. Ha de haber un feeling entre el modelo y el fotógrafo. Y esto es válido para el retrato de personas o la fotografía de minerales. Ha de haber placer en la foto, ha de ser una experiencia gratificante el proceso de tomar una foto. El fotógrafo en cada foto también se ha de descubrir un poco algo de él mismo. Incluso en la fotografía de minerales cada pieza nos enseña algo.

Toda foto tiene un punto de historia de amor. Ha de haber un feeling entre el modelo y el fotógrafo. Y esto es válido para el retrato de personas o la fotografía de minerales.

La pieza siempre tiene una pose más conveniente que resalta sus encantos. La posición acorde con su cristalografía es quizás la más expresiva, y la más acorde para entender la pieza. Es obvio que un cristal de cuarzo tiene una posición evidente en la que el prisma ha de estar en posición vertical. Es la posición esperada por el observador de la foto. Pero podría no serlo si de lo que se trata es de evidenciar una línea de sutura en una macla, un desarrollo anómalo de una cara de romboedro, o unas inclusiones excepcionales que se hayan de poner de relieve.

Siempre se ha de pensar en el observador final de la foto. El fotógrafo ha de expresarse en un lenguaje visual conocido por el observador, si quiere ser entendido.

Siempre se ha de pensar en el observador final de la foto. El fotógrafo ha de expresarse en un lenguaje visual conocido por el observador, si quiere ser entendido. En el caso de minerales, el observador tiene generalmente unos ciertos conocimientos en mineralogía. Si orientamos la pieza conforme a su orientación cristalográfica, la hacemos más reconocible al observador y evitamos confusiones. Aunque a veces conviene transgredir normas, engañar al ojo, lo que los franceses llaman “trompe l’oeil”, el juego visual que comprenda el observador, que le haga entrar en la complicidad del juego. En realidad, no hay normas ni directrices.

¿Un solo disparo o fotos apiladas?

Casi siempre fotos apiladas. ¿Por qué? Todos los objetivos tienen una posición del diafragma (el agujero por donde pasa la luz) en el que el rendimiento es mejor. Un diafragma muy abierto produce unas aberraciones que empobrecen la calidad de la foto. Un diafragma demasiado cerrado produce difracciones en las paletas del diafragma (la luz deja de comportarse como emisión y se comporta como materia), y se produce un roce que desvía los rayos de luz. El resultado es una imagen con más profundidad de campo (más enfocada), pero tan degradada que sencillamente no nos sirve. Entonces ha de cerrarse el diafragma en un punto muy concreto para que la calidad de la lente sea lo menos mala posible. Es puro compromiso, perder un poco por aquí para no perder demasiado por allá. Eso nos obliga a utilizar programas multifoto por tal de esquivar un efecto físico de la óptica que no tiene otra solución.

 

¿Dónde está el límite a la hora del retoque fotográfico?

De hecho puede no haber límite. Toda creación humana es una entente y un compromiso entre el creador y el observador de la obra. Ha de haber un lenguaje inteligible entre los dos. Hasta donde me vas a dejar modificar la realidad para que el mensaje lo entiendas. Hemos de compartir una interpretación de la realidad. Para mí el límite en el retoque llega hasta el punto, la frontera de dar el énfasis necesario para resaltar las propiedades que yo veo en la pieza y considero que son constitutivas de su especifidad. Es como yo creo que habría de ser la pieza con un toque de idealización sin llegar a separarla de su realidad. O por lo menos no demasiado.

 

¿Cuál es su objetivo fotográfico fetiche?

Yo prefiero objetivos que den un cierto aire, espacio, corporeidad, dimensión volumétrica al modelo. Ha de haber, para mi gusto, una perspectiva. Por eso utilizo objetivos más bien cortos. Un macroobjetivo de 50 mm para el formato APS me da el resultado que busco. Una óptica larga, un teleobjetivo macro, da una imagen aplanada, como si la pieza estuviera recortada en un papel. La calidad óptica, o más bien el rendimiento óptico es siempre un problema. No estoy nunca del todo satisfecho con la calidad de las lentes. La lente perfecta todavía no se ha construido.

 

Para muchos la caja de luz es un indispensable para la fotografía de “producto”, sin embargo, usted prescinde de ella ¿por qué?

Bien, la caja de luz es para eso, fotografía de producto. Un mineral no es un producto. Cada pieza es diferente, cada pieza tiene su personalidad y se ha de tratar individualmente. Lo que decía antes sobre la luz. Se ha de administrar con exquisita precisión, con delicadeza extrema, casi con cariño devoto.

 

¿Cómo dio forma a su técnica?

Como no puede ser de otra manera, equivocándome muchas veces. Primero tuve que aprender que era lo que yo quería. Aprendí a “ver”. Después a decidir qué era lo que veía y como hacerle entender a la cámara como había de interpretar mis deseos. La cámara no es precisamente inteligente y generalmente procura estropearte la foto. La has de domesticar. La has de tratar con cariño, le has de enseñar con paciencia como ha de trabajar. Es más o menos lo que un concertista de violín espera de su instrumento. Pues eso, la cámara no es una herramienta, es un instrumento.

La cámara no es precisamente inteligente y generalmente procura estropearte la foto. La has de domesticar.

Después de convencer a la cámara de que se porte bien había de entenderme con los minerales. Aquello que yo sentía con ellos lo había de saber explicar. Requiere introspección, dedicación y paciencia de alquimista. El camino es como plasmar el sentimiento de un amante de los minerales, transformarlo en foto y transmitirlo a otro amante de los minerales. El observador de la foto ha de sentir la sensación que siento yo cuando hago la foto. Ha de ver lo que yo veo, no solo lo que enseña la pieza. Lo que muestra la pieza no siempre es obvio. Hay un latido, una forma de vida en la materia inerte, quizás incluso hay arte en un mineral, un arte no humano, un arte de moléculas bien ordenadas. El fotógrafo ha de sentir aquello que emana de un cristal, hay algo mágico que no sabría definir con palabras. A veces pienso que “algo” o quizás, si fuera creyente, “alguien” ha creado los minerales solamente para que una minoría de elegidos podamos disfrutar con ellos. Siento que formo parte de una comunidad de escogidos privilegiados para los cuales los minerales han sido especialmente creados para su gozo y placer. Es una idea turbadora y casi metafísica.

 

¿Cuál es el ejemplar que más le ha fascinado a la hora de ser fotografiado?

Después de fotografiar bastantes miles de piezas, es difícil decir cual me ha gustado más. En cierta manera, a Eloisa y a mi nos gustan los retos. Una vez conseguida una calidad fotográfica suficiente en la revista, nos preguntamos hasta donde llegaba la tecnología de las cámaras para poder imprimir fotos en medidas muy grandes. ¿Dónde hacen falta fotos grandes? Un calendario de pared tiene fotos grandes. Era claro que nos habíamos de probar hasta conseguir hacer un calendario de minerales. Pero no había suficiente en hacer un calendario de minerales, se había de hacer el mejor calendario de minerales. El reto era conseguir hacer fotos de gran calidad e imprimirlas. Había de quedar sencillamente impresionante.

Después nos preguntamos: ¿Qué fotos son muy difíciles de hacer? ¿Qué mineral ofrece más resistencia a ser fotografiado? La respuesta fue el oro. Brillos incontrolados, contrastes extremos, amarillos desbordantes, texturas extremadamente finas y detalladas… Un verdadero “challenge”. Nos habíamos de probar a nosotros mismos otra vez: se había de hacer un libro sobre el oro. La dificultad añadida que parecía que representaba el acceso a las piezas, en realidad no fue tal. Obtuvimos la ayuda y la colaboración de los coleccionistas propietarios de las piezas sin dificultades. Quizás el proyecto era tan “crazy” que fascinó a los coleccionistas americanos.

 

¿Y cuál es el que más se ha resistido?

Hay piezas más fáciles que otras, claro. No recuerdo las más difíciles. Nunca sufro haciendo fotos. La foto va surgiendo, la pieza va pidiendo como tratarla, va revelando sus encantos ocultos, se deja hacer. Tomar una foto de un mineral es siempre una experiencia gratificante y divertida. A veces pasa que si hay un punto de dificultad el resultado es más satisfactorio. Es como subir una montaña. Subir por el camino es fácil pero quizás demasiado fácil. Un día te miras la montaña y dices: ¿y si subo por la cresta? Lo disfrutaré más. Y otro día te miras la pared y te preguntas: ¿Y por la pared no sería más divertido?

 

¿Y el más espectacular?

No lo sé, francamente. Casi siempre la pieza más grande, la que impone su dimensión como cualidad principal, no acostumbra a dar el mejor resultado. Piezas secundarias pueden dar fotos magníficas. Se ha de buscar la pieza elegante, con personalidad, con “mensaje”, con contenido.

 

Un consejo rápido para lograr una buena foto.

Tener claro lo que quieres conseguir. Se ha de hacer la foto con la cabeza antes que con la cámara. Has de ver la foto acabada ya antes de disparar, incluso antes de poner la pieza delante de la cámara. Yo empiezo escogiendo la pieza. Esto es fácil, siempre hay las piezas que destacan entre las otras, que te miran, que te provocan para que las escojas. Así pues, la pieza seleccionada la tomo en mi mano y la observo a la luz de la vitrina donde estaba o de la luz disponible. En pocos segundos, quizás 5 o 6, ha de haber tiempo suficiente para descubrirle los encantos a la pieza, incluso los ocultos. Si en este corto tiempo la pieza no “habla” es que no tiene nada a decir y se descarta.

Después de escogida la pongo sobre el “plateau“, le busco la posición, la miro también por detrás, observo la orientación de los cristales, el cristal principal dominante, la orientación según los ejes cristalográficos, la relación de masas, la jerarquía de masas y volúmenes, la relación cristal o cristales con la matriz, minerales accesorios, color, textura, brillo, translucencia, inclusiones, fantasmas…Todo esto no ha de requerir más de 20 segundos. Llega el momento fascinante, mágico de juntar luz con mineral. Aquí ya empiezan a pasar cosas interesantes. La pieza comienza su relato. Luz principal, luz secundaria, luz de textura, luz transmitida si es necesaria, luz de relleno, luz de resalte, y finalmente luz de efectos específicos. Reflectores, difusores, sombreadores… toda la orquesta entra en función.

Todas las luces, difusores y reflectores ya han de estar pensados donde irán y que han de hacer antes de poner la pieza en el escenario. La partitura ha de estar escrita.

Una foto sencilla puede tardar unos pocos minutos, 3 o 4. Una pieza muy complicada que se resiste a dejarse hacer puede tardar unos diez minutos. No han de haber tanteos ni titubeos. Todas las luces, difusores y reflectores ya han de estar pensados donde irán y que han de hacer antes de poner la pieza en el escenario. La partitura ha de estar escrita. No hay tiempo para improvisar. El propietario de la pieza, si está presente, quiere velocidad y precisión en la ejecución. La operación de fotografiado siempre es un riesgo para la pieza y el coleccionista sufre y se impacienta durante la operación. Se ha de proceder con sensibilidad, rapidez, seguridad y firmeza. El pulso no ha de temblar, aunque la pieza valga 20.000 o 30.000 dolares. Ha de haber un poco de magia en la ejecución. Nada por aquí, nada por allá y “voila” la foto está hecha.

Con frecuencia para relajar y dar confianza al propietario de la pieza, hay que ir explicando cómo se hace la foto: un poco de luz para resaltar una cara minúscula de pirámide de segundo grado en una turmalina, un brillo desafiante en una cara de prisma de tercer grado en una aguamarina que el propietario ni tan solo sospechaba, aquellas caras estriadas de una pirita que han de tener una textura descarada, observa esa cara de romboedro tan pequeña pero tan importante por infrecuente en aquel cuarzo levógiro, la línea de macla en mariposa entre dos cristales de calcita, o mira como le sacamos los colores a esta fluorita…

Cada foto es una aventura divertidísima.

MineralUp, que este año celebra su décimo aniversario, es la hermana inglesa de una revista con tres versiones: en castellano Revista de Minerales, en catalán Mineralogistes de Catalunya, y en inglés.

Sí, hacia 1977 y hasta 1995 se publicaba la revista en catalán y en castellano mezclando en cada número artículos en una y otra lengua. A partir de 1995, separamos las dos ediciones que, aunque era una complicación y daba más trabajo, permitió una mejora en cuanto a los contenidos.

Un tiempo después, quedo claro que esta era la vía por donde se había de seguir, pero quedaba corta. Así es que se hacia evidente que el siguiente paso para culminar el proyecto era hacer una edición en inglés como único camino para crecer en la vía de la internacionalización. Solo así se podía conseguir mejores artículos y más lectores. La calidad en los contenidos, la calidad máxima en la fotografía y calidad punta en la impresión eran, y son, para mí y para Eloisa, una exigencia ineludible y una finalidad en sí misma.

Afortunadamente la versión en inglés de la revista fue muy bien recibida por los lectores en Estados Unidos. La revista Mineral Up y sobre todo el Calendario de Minerales, nos permitió conocer mucha gente muy interesante y muy importante, y se nos abrieron muchas puertas que a su vez nos permitieron concebir proyectos muy audaces y ambiciosos. Uno de ellos, el libro “Gold for Collectors” ha sido uno de estos proyectos. Pero hay mas, unos cuantos de muy interesantes en los cuales ya estamos trabajando.

 

 

¿Dónde puede comprar el lector MineralUP? Tanto la revista como los calendarios.

Se pueden dirigir directamente a mi correo electrónico, visitar la página web, o llamarme por teléfono. También hay distribuidores en las ferias más importantes para todas las versiones. Es para mí siempre un placer poder comunicarme con coleccionistas interesados en la revista o el calendario. De ellos aprendo mucho. Sus opiniones son muy importantes para mí.

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